Esta es la primer entrada del Blog, prometo no abandonarlo y siempre publicar las lecturas y cualquier otro aviso con referencia a la clase. Ahora después de mi juramento, les presento la primer lectura. Ya se comenzó a leer en clase, pero hay que terminar su lectura con ayuda de apoyos visuales. Además, agrego la página del Seminario de Descolonización, el cual fundó y dirigió Rubén Bonifaz Nuño. El archivo de esta lectura, está en el grupo de Facebook y para descarga justo aquí.
Eduardo Galeano nombra en un ensayo, al terminar su exilio en España, a Gonzalo Guerrero como “El Conquistador Conquistado”. Conquistado por los “indios” no escuchados ni entendidos por Gerónimo de Aguilar. ¿Pero que tenían que escuchar de ellos? Escucharon algo que Rubén Bonifaz Nuño logró entender, no por los oídos, sino por la mirada y el corazón. Bonifaz Nuño es recordado por su basto trabajo en las letras clásicas grecolatinas y los grandes intelectuales, de esa área, han reconocido sus traducciones y estudios críticos en Ovidio, Virgilio u Homero. Leemos los Cármenes de Catulo, las Elegías de Propercio y las Sátiras de Horacio de su pluma y logramos sentir la rítmica no perdida gracias a su método de traducción, que gran polémica provoca.
Su obra
poética se ha resguardado en el corazón de muchos, en los que la identificación
con el autor logró provocar que lo colocaran como uno de los más importantes
poetas de mitad de siglo. Desde que se publica La Muerte del Ángel en 1945, hasta Calacas en 2003, Nuño mantuvo la pasión de su vida en la poesía,
dejándose llevar por las imágenes de la belleza que tanto apreció y logro
llevar al extremo, aunque siempre acompañado de la crítica por publicar Pulsera para Lucía Méndez en 1985.
Sólo dos años después, en 1987 se
funda el Seminario de Estudios Prehispánicos para la Descolonización de México,
un escape en la Universidad para la crítica, en contra de aquellos que, en el
proceso que O’ Gorman llama “Invención de América”, han callado las voces de
los que formaron, forman y seguirán formando este continente. Un espacio para
hacer frente a los hombres que en este proceso de invención nos han definido y los hemos dejamos.
Bonifaz Nuño encabezó a este
grupo de investigadores, tuvo la ferviente idea de logar en los mexicanos una
identidad y visión ya no de “vencidos”, cómo la llamó León Portilla, sino de
los aun en pie y protagonistas de América. Encontró en los estudios de las
culturas mesoamericanas una actitud de auto engrandecimiento, por parte del
investigador. El cual, manipula escritos en su traducción, percepciones de
relieves y murales, desdeña el trabajo de investigadores anteriores a él y los desprecia,
aun con mayor razón, si estos eran originarios de las culturas estudiadas o por
lo menos del país en el que se encontraban estas.
"Hemos entregado
a los extranjeros, como en propiedad, una parte de nuestra cultura, la
manifestada en la plástica prehispánica. Repetimos sus errores como si fueran
dogmas de fe, y les abrimos nuestras zonas arqueológicas de estudio a modo de
pequeñas colonias para su explotación exclusiva, ya que en muchas ocasiones nos
vemos impedidos incluso a visitarlas.”[1]
Se ha hablado en muchas ocasiones
sobre si se debe tomar en cuenta las investigaciones de Bonifaz en el área de
las culturas prehispánicas en México, incluso personalmente he tenido
altercados con profesores al citar sus obras y contradecir ideas, que como él
dice “repetimos… como si fueran dogmas de fe”. Sin embargo, en el estudio de sus
numerosos artículos sobre el tema prehispánico, nos damos cuenta de una profunda
reflexión, que no nace de un día para otro. En su libro, Hombres y Serpientes, trae de vuelta al estudio la incontable y
repetida imagen de las serpientes encontrándose, le da la vuelta a los análisis
anteriores y le da una nueva cara al significado de esta imagen, que rastrea
desde la cultura Olmeca, llamada “cultura madre” y “alabadora del jaguar” sólo
por el consenso de un grupo de investigadores como Saville, Caso y Covarrubias que veían y reconstruían
ciertos aspectos para fundamentar sus hipótesis, que con el tiempo fueron tomadas
como verdades absolutas.
En cambio, Bonifaz Nuño nos da una
salida, el análisis crítico y sin miedo a ser desprestigiados. Muestra que
estudiar al hombre americano de ese tiempo no es viable con una visión
occidental, se tendría que abrir el estudioso y estar dispuesto a cambiar su
modo de ver la vida.
“Admitámoslo: en
nuestra pobreza, en nuestra bajeza de suerte, en nuestra poca razón y bajo
juicio, en nuestra ignorancia de quién somos, no sería lícito que nos
concediéramos el derecho de disponer de los que existe; que pensáramos que el
mundo es cosa fabricada para nuestro provecho. Miremos a dónde nos ha conducido
esa aberración: al hambre y a la asfixia y a la malicia y a la ignorancia y el
embotamiento de nuestras mejores capacidades.
Aprendemos las palabras de otros, las
decimos mal y a destiempo. Usamos en nuestro trabajo herramientas que nunca nos
pertenecerán; nuestro trabajo queda mal hecho.
Y nuestra posible verdad se vuelve
mentirosa y acabará por desaparecer. Andamos como en sueños; como quien dormido
se levanta de noche, sin saber a dónde va. Despertemos, pues; sepamos lo que
somos; en las palabras, las acciones, en las imágenes que de su modo y su ser
recibimos de nuestros abuelos, aprendamos la única lección: el hombre es punto
de referencia del mundo, pero no como el amo del mundo, sino como parte suya
con deberes solidarios. El deber de construir, para servir; la responsabilidad
de todos sobre nosotros; la renuncia consciente a la comodidad física que es
muerte del crecimiento espiritual; el deber de trabajo, no sólo por respeto a
los hombres, sino por el respeto a la
dignidad de los demás seres que viven con nosotros, y para la vida misteriosa
de las cosas. Ese respeto al aire, al agua. A la tierra y al fuego que integran
los cuatro polos inagotables de nuestro mundo.”[2]
de las culturas de México, se ha
hecho a un lado por los que Joaquín Sánchez McGregor nombra “descuidados”. Y
claro que lo eran, por creer que en su construcción e invención sostenida por
el circulo de poder del que formaban parte, lo iba a hacer para siempre, justo
como Monsreal describe “Y es que la gente es perezosa para pensar y decidir
por sí misma, le gusta que le digan lo que le gusta, y posee un curioso sentido
del orgullo al revés: prefiere sumarse a la estupidización colectiva, a veces hasta llevando la contra a sus
propios intereses…”. De esta manera se había llevado el estudio de las
culturas prehispánicas, atendiendo a la palabra de unos cuantos y guardando
nuestra percepción de lo que se ve, escucha, siente o lee, se fueron repitiendo
ideas, plasmándose en libros de textos para las escuelas y universidades,
libros obligatorios para el reconocimiento del círculo intelectual, y que no
podían ser contradichos.
Bonifaz creó un modo
de estudiar lo nuestro y trató de enseñárnoslo, pero penosamente no fue
escuchado, tan sólo por unos pocos que trataron y tratan aún de continuar con
este trabajo descolonizador. Esto se debe tal vez porque sus
palabras eran, como escribió:
“…para
los que quieran mover el mundo
con
su corazón solitario,
los
que por las calles se fatigan
caminando,
claros de pensamientos;
para
los que pisan sus fracasos y siguen;
para
los que sufren a conciencia
porque
no serán consolados,
los
que no tendrán, los que pueden escucharme;
para
los que están armados, escribo.”
Libros para su descarga: Imagen de Tlaloc.
Hombres y serpientes.
Hombres y serpientes.
[1] Bonifaz Nuño, Rubén, Imagen de Tlaloc, Seminario de Estudios
Prehispánicos para la Descolonización en México, Universidad Nacional Autónoma
de México, 1988, p.p. 39.
[2] Bonifaz Nuño, Rubén, El humanismo prehispánico, extraído de
la página electrónica del Seminario de
Estudios para la Descolonización en México.
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